La Sociología de la Educación es una de las más jóvenes ramas del saber humano, ya que posee alrededor de sólo un siglo de existencia. Fueron Augusto Comte y Emile Durkhein los que le dieron vida como Ciencia general (Comte) y como Ciencias de la Educación (Durkhein).La epistemología de la Sociología de la Educación es enormemente rica en su marco teórico y metodológico. Entre los estudios sociales que formula figuran la Pedagogía, el Colectivo Escolar, el Colectivo Pedagógico, las relaciones sociales, la Institución Escolar, la familiam la comunidad, el desempeño de roles y los códigos de género entre otros.

miércoles, 23 de julio de 2014

¿Qué necesitamos para formar un buen docente?

Existe la errónea creencia de que los futuros docentes, mediante una dinámica de desarrollo personal durante su carrera de grado, se forman a sí mismos. Otra idea, para nosotros también equivocada, es aquella fantasía de Pigmalión, la del escultor que crea un otro a su imagen, (el docente formador con su aprendiz), lo modela, le da forma a una materia que en ese momento es pasiva, dócil.
Ninguna de estas dos ideas se corresponde con la realidad de la formación docente, ya que por un lado uno se forma a sí mismo, pero uno se forma sólo por mediación.
Los formadores son mediadores humanos, lo son también las lecturas, las circunstancias, los accidentes de la vida, la relación con los otros. (1)
Veamos cuales son las condiciones necesarias para que la formación tenga lugar.
Gilles Ferry considera tres condiciones: condiciones de lugar (los lugares previstos a tal propósito), de tiempo y de relación con la realidad. "...sólo hay formación cuando se puede tener un tiempo y un espacio para el trabajo de reflexión sobre sí mismo". (2)
Sobre el mismo tema, es decir sobre la formación docente, Jean C. Filloux, pone la mirada en la relación docente formador - docente en formación y sostiene que no existe en su opinión un sujeto "formador".
Para Filloux hay un trabajo de retorno sobre sí, una reflexión sobre sí mismo que realizan ambos y eso se traduce en una formación académica, formación metodológica, en lo pedagógico - didáctico y psicológico y formación profesional. (3)
Encontramos por lo tanto una intersubjetividad que está ligada al diálogo, que no siempre es explícito o consciente, y que representa un proceso dialéctico de retorno sobre la persona, su unicidad y singularidad.
La reflexión crea un espacio transicional, donde es posible la construcción de lo que llamamos "falso sí mismo", es decir se construye un personaje moldeado por las exigencias sociales del rol que desempeñará.

(1) Devalle de Rendo, Alicia; (2004); "Una escuela en y para la diversidad", edit. Aique. Bs.As.
(2) Ferry, Gilles; (1997); "Pedagogía de la Formación"; Novedades Educativas, pág.53, Buenos Aires.
(3) Filloux, Jean C.; (1965), "La personalidad"; Edit. Eudeba, Buenos Aires

jueves, 17 de julio de 2014

¿Cómo se forma un buen docente?

Para  el pedagogo francés Gilles Ferry: “La formación es algo que tiene relación con la forma. Formarse es adquirir una cierta forma. Una forma para actuar, para reflexionar y perfeccionar esa forma (…) formarse es ponerse en forma (…) la formación consiste en encontrar formas para cumplir con ciertas tareas para ejercer un oficio, una profesión, un trabajo, un empleo. Cuando se habla de formación, se habla de formación profesional, de ponerse en condiciones para ejercer prácticas profesionales. Esto presupone, obviamente muchas cosas: conocimientos, habilidades, cierta representación del trabajo a realizar, de la profesión que va a ejercerse, la concepción del rol que uno va a desempeñar, etc…”[1]
Egresar con el título de profesor, cuándo hasta no hace mucho éramos alumnos, supone una dosis de alivio por el ciclo cumplido y una alegría por haber alcanzado una meta, aunque todo está teñido de incertidumbres para iniciar el recorrido profesional.
“Ponerse en forma” tal como lo dice Ferry  significó para mí buscar la alternativa de transitar el aula con el acompañamiento de una docente,  cursando una adscripción en Pedagogía durante 2 años, en el mismo Instituto de Formación Docente “Olga Cossettini” donde me graduara.
 La docente que me aceptó  para una adscripción  en su materia, a quien debo la generosidad de recibirme y la paciencia para conducirme, considera en primer lugar que la formación del profesorado, es una instancia inicial en la trayectoria ya que como un camino recorrido la misma puede ser interpretada dentro de un continuum.
¿Qué supuso el tránsito por los años de adscripción, presenciando clases, tomando apuntes, dando clases y colaborando como puente entre la cátedra y los alumnos?. Representó la ocasión de una formación continua, problematizando la enseñanza poniendo en foco lo que sucede en el aula. No fue un mero entrenamiento, una capacitación para instrumentalizar los modelos o el currículo, el objetivo fue el aprendizaje para la autonomía, para ser capaz de transmitir saberes, de trabajar en equipo y de investigar; siempre con un compromiso ético y político con los resultados de los aprendizajes de los alumnos.
Agenciarse de las herramientas para trabajar en el aula implica incorporar y fundamentar opciones de enseñanza, preparando la reflexión y acción en contexto, en situaciones concretas. La adscripción resulta así una formación que se construye con una mirada crítica de la propia acción y una experiencia de transmisión del saber, del saber hacer y del saber ser.
La oportunidad de cursar en el Instituto esta instancia, permite empezar a subsanar la dicotomía que se presenta, en el imaginario del ámbito de la educación, que enfrenta a la didáctica con la formación disciplinar.
Por último esta etapa responde a una vieja pregunta: ¿Cómo se forma a un buen docente?¿Qué se espera de él? No pretendo ser original en la respuesta y voy a utilizar las palabras de Gimeno Sacristán  para contestarlas:

“¿Qué espero de un docente? Que tenga salud mental, tolere conflictos interpersonales y sienta seguridad para estar frente a un grupo al que debe tratar bien. Tiene que saber algo bien sabido y contarlo bien contado. Debe trabajar en equipo, perfeccionarse continuamente y situarse en su contexto histórico, social y pedagógico. Formarse no es sólo ir a cursillos. El docente se perfecciona si estudia, lee y escribe, más allá de si es lunes o domingo. Es una actitud autónoma e inherente a su ser. (…) El docente debe comprender que es un servidor social; tiene una obligación porque el alumno tiene derecho a recibir la mejor educación”.

[1] Ferry, Gilles; (1997); “Pedagogía de la formación”, Buenos Aires, Revista Novedades Educativas, 1997, pág.53; Citado por Devalle de Rendo, Alicia en “Una escuela en y para la diversidad. El entramado de la diversidad” pp. 132 y 133. Editorial Aique S.A. Buenos Aires.

martes, 8 de julio de 2014

En el salón de clases: ¿igualdad o uniformidad?

La actividad educativa demanda un gran despliegue de tareas, obligaciones, responsabilidades y urgencias, en todos los actores implicados. El Estado, las Instituciones, los padres, las cooperadoras escolares, los niños y jóvenes sostienen el quehacer educativo todos los días.
Ahora bien; los educadores, en medio de este fárrago diario ¿se preguntan que preconcepciones e ideas previas tienen sobre los jóvenes? ¿Se cuestionan que práctica educativa reclama la sociedad?
El hecho educativo parte de una concepción “optimista” del hombre. EX-DUCERE (educar), permitir que brote aquello mejor que ya puede germinar en cada joven .Estos jóvenes buscan formas de expresarse, de que se los escuche, de que se los considere a cada uno único e irrepetible. Aprecian la sinceridad, el respeto, la libertad, la alegría y son los nativos tecnológicos de este siglo XXI. ¿Estamos a la altura de las circunstancias? ¿Nos prendemos en el desafío de enseñar las herramientas que necesitan para que asuman el control sobre sus saberes, y sus prácticas?
Lograr que los estudiantes hagan efectivo este control es replantearse la validez del paradigma clásico de una transmisión académica y enciclopedista del saber. Implica también una actitud activa en el reconocimiento del “otro” que en cuánto es alumno debería resignificar los saberes aprendidos y reconstruir críticamente la cultura en la que está inmerso.
A dónde me llevan estas reflexiones? Pareciera que hemos deformado la noción de igualdad convirtiéndola en uniformidad. ¿Qué me dirá esto de único e irrepetible?.En la tradición humanista el hombre es un fin en sí mismo y no un medio para el fin de nadie.
Tal era la definición humanista de igualdad que sin duda dio pie al desarrollo de las diferencias.”Sólo si se nos permite ser diferentes, sin la amenaza de ser tratados como desiguales, sólo entonces somos iguales” (1).
Fromm decía para ser más claros que el concepto filosófico de igualdad tiene gran prestigio y tradición pero que está siendo deformado y se lo emplea para referirse a uno de los aspectos más degradante, más inhumano y más peligroso de nuestra cultura: la uniformidad que implica la pérdida de la individualidad.



(1)Erich Fromm La condición humana actual

viernes, 27 de junio de 2014

Lo que nos contó Gabo...

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Fermina Daza sabía entonces que la vida privada, al contrario de la vida pública, era tornadiza e imprevisible. No le era fácil establecer diferencias reales entre los niños y los adultos, pero en último análisis prefería a los niños, porque tenían criterios más ciertos. Apenas doblado el cabo de la madurez, desprovista por fin de cualquier espejismo, empezó a vislumbrar el desencanto de no haber sido nunca lo que soñaba ser cuando era joven, en el parque de Los Evangelios, sino algo que nunca se atrevió a decirse ni siquiera a sí misma: una sirvienta de lujo. En sociedad terminó por ser la más amada, la más complacida, y por lo mismo la más temida, pero en nada se le exigía con más rigor ni se le perdonaba menos que en el gobierno de la casa.
Siempre se sintió viviendo una vida prestada por el esposo: soberana absoluta de un vasto imperio de felicidad edificado por él y sólo para él. Sabía que él la amaba más allá de todo, más que a nadie en el mundo, pero sólo para él: a su santo servicio.

"El amor  en los tiempos del cólera" (1985), RBA Editores S.A., Barcelona - España. pp 281 y 282.

La historia que no nos enseñaron.

No es ninguna novedad que la educación es política. Tan es así, que el docente enseña unos contenidos y no otros, siempre en alineamiento a lo curricularmente prescripto por el Estado. Esto, resulta ser un "cerco cognitivo" no inocente de lo que supuestamente la sociedad considera como saberes necesarios y legítimos. Quienes saben lo mucho y apasionadamente que me gusta la historia, no van a sorprenderse por el humilde aporte que hago, sobre uno de los próceres peor enseñados de la currícula escolar. Me parece que la historia es una ciencia viva, que hacemos todos los días y no esta nada mal pegar cada tanto una leída a los conocimientos producidos por nuevos y brillantes historiadores.

La otra historia ha condenado a Manuel Belgrano a no ser. Belgrano no tiene día en el calendario oficial. El día de su muerte es el Día de la Bandera. Y ya sabemos de la importancia que el símbolo patrio tiene entre nosotros más allá de los festejos deportivos y las declamaciones patrioteras de ocasión.
No nos han enseñado con ejemplos a querer a nuestra bandera. Ha sido violada y usurpada por los gobiernos genocidas que han hecho abuso de su uso. Tenemos que recuperarla para nosotros, tarea imprescindible pero larga y, mientras tanto, Belgrano sigue sin ser recordado como se merece.
Manuel Belgrano, uno de los más notables economistas argentinos, precursor del periodismo nacional, impulsor de la educación popular, la industria nacional y la justicia social, entre otras muchas cosas, ha sido condenado a convertirse en una especie de Sastrecillo Valiente.
La operación es simple. Se trata claramente de un ideólogo de la subversión americana y no conviene que, desde la más tierna infancia, los niños aprendan a honrar la memoria de pensadores, innovadores y revolucionarios, portadores, como en este caso, de una coherencia meridiana entre sus dichos y sus hechos.
Los ricos de la Argentina, enriquecidos a costa del país y del trabajo de su gente, se enorgullecen diciendo que Belgrano murió pobre. Según sus leyes de la obediencia y el ejemplo, no hay nada mejor para los demás que morir pobres. Aprender a morir como se nace, sin disputarles los ataúdes de roble, los herrajes de oro, las necrológicas de pago y las exclusivas parcelas en los cementerios privados, es una gran virtud en la escala de valores de los que viven de la Bolsa de Valores. 
El desprendimiento, el desinterés y la abnegación son virtudes que "nuestras familias patricias" dicen admirar en los demás, aunque no forman parte de su menú de opciones. Sus integrantes, por su parte, morirán mucho más ricos de lo que nacieron, porque el resto de los argentinos morirá mucho más pobre. Leyes de las matemáticas, de la suma y de la resta.
Claro que omiten decir que Belgrano nació rico y que invirtió todo su capital económico y humano en la revolución. No dicen que Belgrano NO SE RESIGNÓ a morir pobre y reclamó hasta los últimos días de su vida lo que le correspondía: sus sueldos atrasados, y que se aplicaran a los fines establecidos los 40.000 pesos oro que había donado para la construcción de escuelas y que le fueron robados por los apropiadores de la administración pública.
TAMPOCO NOS RECUERDAN que Belgrano no se cansó de denunciarlos y no ahorró epítetos para con ellos. Los llamó "PARÁSITOS", "INÚTILES", "ESPECULADORES" y "PARTIDARIOS DE SÍ MISMOS", entre otras cosas.
Las banderas de Belgrano, la honestidad, la coherencia, la humildad llena de dignidad, los siguen denunciando.
Pigna, F; (2007); "Los mitos de la historia argentina", Grupo Editorial Norma; pp. 343 y 344.

jueves, 16 de enero de 2014

Equidad de género

¿Cómo se presentan las relaciones de género en la escuela, donde la coeducación es el mejor simulacro de una sociedad donde niñas y niños se integrarán?

Este interrogante, para quienes hemos transitado por las aulas de nuestro país, es parcialmente respondido con el cordial saludo de todos los días en casi todas las escuelas, de manera reiterada y natural: "Buenos días chicos". Durante toda su vida escolar, salvo excepciones, las niñas serán designadas por el omnicomprensivo masculino.
Cuando se habla de un grupo mixto de alumnos, se usa el masculino y como consecuencia la mente identifica por rutina de modo inconsciente, a lo masculino con lo total, al varón con la persona, produciendo el ocultamiento de la existencia y la participación de las niñas.