La Sociología de la Educación es una de las más jóvenes ramas del saber humano, ya que posee alrededor de sólo un siglo de existencia. Fueron Augusto Comte y Emile Durkhein los que le dieron vida como Ciencia general (Comte) y como Ciencias de la Educación (Durkhein).La epistemología de la Sociología de la Educación es enormemente rica en su marco teórico y metodológico. Entre los estudios sociales que formula figuran la Pedagogía, el Colectivo Escolar, el Colectivo Pedagógico, las relaciones sociales, la Institución Escolar, la familiam la comunidad, el desempeño de roles y los códigos de género entre otros.

domingo, 19 de diciembre de 2010

LA AVENTURA DEL CONOCIMIENTO Y EL APRENDIZAJE

 
 
Por Alejandro Dolina
La velocidad nos ayuda a apurar los tragos amargos. Pero esto no significa que siempre debamos ser veloces. En los buenos momentos de la vida, más bien conviene demorarse. Tal parece que para vivir sabiamente hay que tener más de una velocidad. Premura en lo que molesta, lentitud en lo que es placentero. Entre las cosas que parecen acelerarse figura -inexplicablemente- la adquisición de conocimientos. 
En los últimos años han aparecido en nuestro medio numerosos institutos y establecimientos que enseñan cosas con toda rapidez: "....haga el bachillerato en 6 meses, vuélvase perito mercantil en 3 semanas, avívese de golpe en 5 días, alcance el doctorado en 10 minutos....." 
Quizá se supriman algunos... detalles. ¿Qué detalles? Desconfío. Yo he pasado 7 años de mi vida en la escuela primaria, 5 en el colegio secundario y 4 en la universidad. Y a pesar de que he malgastado algunas horas tirando tinteros al aire, fumando en el baño o haciendo rimas chuscas. 
Y no creo que ningún genio recorra en un ratito el camino que a mí me llevó decenios. 
¿Por qué florecen estos apurones educativos? Quizá por el ansia de recompensa inmediata que tiene la gente. A nadie le gusta esperar. Todos quieren cosechar, aún sin haber sembrado. Es una lamentable característica que viene acompañando a los hombres desde hace milenios. 
A causa de este sentimiento algunos se hacen chorros. Otros abandonan la ingeniería para levantar quiniela. Otros se resisten a leer las historietas que continúan en el próximo número. Por esta misma ansiedad es que tienen éxito las novelas cortas, los teleteatros unitarios, los copetines al paso, las "señoritas livianas", los concursos de cantores, los libros condensados, las máquinas de tejer, las licuadoras y en general, todo aquello que ahorre la espera y nos permita recibir mucho entregando poco.
Todos nosotros habremos conocido un número prodigioso de sujetos que quisieran ser ingenieros, pero no soportan las funciones trigonométricas. O que se mueren por tocar la guitarra, pero no están dispuestos a perder un segundo en el solfeo. O que le hubiera encantado leer a Dostoievsky, pero les parecen muy extensos sus libros. 
Lo que en realidad quieren estos sujetos es disfrutar de los beneficios de cada una de esas actividades, sin pagar nada a cambio. 
Quieren el prestigio y la guita que ganan los ingenieros, sin pasar por las fatigas del estudio. Quieren sorprender a sus amigos tocando "Desde el Alma" sin conocer la escala de si menor. Quieren darse aires de conocedores de literatura rusa sin haber abierto jamás un libro. 
Tales actitudes no deben ser alentadas, me parece. Y sin embargo eso es precisamente lo que hacen los anuncios de los cursos acelerados de cualquier cosa. 
Emprenda una carrera corta. Triunfe rápidamente. 
Gane mucho "vento" sin esfuerzo ninguno. 
No me gusta. No me gusta que se fomente el deseo de obtener mucho entregando poco. Y menos me gusta que se deje caer la idea de que el conocimiento es algo tedioso y poco deseable. 
¡No señores: aprender es hermoso y lleva la vida entera!
El que verdaderamente tiene vocación de guitarrista jamás preguntará en cuanto tiempo alcanzará a acompañar la zamba de Vargas. "Nunca termina uno de aprender" reza un viejo y amable lugar común. Y es cierto, caballeros, es cierto. 
Los cursos que no se dictan: Aquí conviene puntualizar algunas excepciones. No todas las disciplinas son de aprendizaje grato, y en alguna de ellas valdría la pena una aceleración. Hay cosas que deberían aprenderse en un instante. El olvido, sin ir más lejos. He conocido señores que han penado durante largos años tratando de olvidar a damas de poca monta (es un decir). Y he visto a muchos doctos varones darse a la bebida por culpa de señoritas que no valían ni el precio del primer Campari. Para esta gente sería bueno dictar cursos de olvido. "Olvide hoy, pague mañana". Así terminaríamos con tanta canalla inolvidable que anda dando vueltas por el alma de la buena gente. 
Otro curso muy indicado sería el de humildad. Habitualmente se necesitan largas décadas de desengaños, frustraciones y fracasos para que un señor soberbio entienda que no es tan pícaro como él supone. Todos -el soberbio y sus víctimas- podrían ahorrarse centenares de episodios insoportables con un buen sistema de humillación instantánea.
Hay -además- cursos acelerados que tienen una efectividad probada a lo largo de los siglos. Tal es el caso de los "sistemas para enseñar lo que es bueno", "a respetar, quién es uno", etc.
Todos estos cursos comienzan con la frase "Yo te voy a enseñar" y terminan con un castañazo. Son rápidos, efectivos y terminantes. 
Elogio de la ignorancia: Las carreras cortas y los cursillos que hemos venido denostando a lo largo de este opúsculo tienen su utilidad, no lo niego. Todos sabemos que hay muchos que han perdido el tren de la ilustración y no por negligencia. Todos tienen derecho a recuperar el tiempo perdido. Y la ignorancia es demasiado castigo para quienes tenían que laburar mientras uno estudiaba. 
Pero los otros, los buscadores de éxito fácil y rápido, no merecen la preocupación de nadie. Todo tiene su costo y el que no quiere afrontarlo es un garronero de la vida. 
De manera que aquel que no se sienta con ánimo de vivir la maravillosa aventura de aprender, es mejor que no aprenda. 
Yo propongo a todos los amantes sinceros del conocimiento el establecimiento de cursos prolongadísimos, con anuncios en todos los periódicos y en las estaciones del subterráneo.
"Aprenda a tocar la flauta en 100 años".
"Aprenda a vivir durante toda la vida".
"Aprenda. No le prometemos nada, ni el éxito, ni la felicidad, ni el dinero. Ni siquiera la sabiduría. Tan solo los deliciosos sobresaltos del aprendizaje". 
Fuente: http://www.compositum.com.ar/la-aventura-del-conocimiento-y-el-aprendizaje-2009-12-29.html



domingo, 12 de diciembre de 2010

EL COSTADO PERVERSO DEL ENANO INTERIOR

Final del formulario


*       Por Sandra Russo
*      
La imagen de Soldati en el atardecer del jueves, cuando la Metropolitana se retiró por completo y dejó solos a esos vecinos y a esos ocupantes cuyo celo recíproco fogonearon el jefe de Gobierno porteño y sus funcionarios todo el día, trajo velozmente a la memoria el recuerdo de los saqueos del ’89 y los del 2001. En los dos casos, los acontecimientos desempozaron el perfil facho de esas clases medias que cuelgan de un alambre o a las que un alambrado separa de la exclusión.
Vuelvo a 1989: preanunciando la caída de Alfonsín, en el conurbano y en Rosario, turbas autóctonas sin nada avanzaban sobre supermercados y desbordaban a la policía, que era reclamada a los gritos por los vecinos de los barrios pobres, pero de cemento: hay una foto de una terraza muy precaria con su propietario encaramado en ella con una escopeta. Gritaba que se defendería “de los negros”. El Estado se retiraba y dejaba que el descontrol marcara el fin de un gobierno.
Esta vez fue distinto: fue el propio gobierno porteño el que convocó a esa escena. Lo hizo agitando antes de Navidad el tema de las escrituras para los pobladores “originales” de las villas (en Noticias Urbanas del 6 de diciembre se publican los dichos al respecto de Horacio Rodríguez Larreta y un debate con Aníbal Ibarra); lo hizo el martes, permitiendo que la Policía Metropolitana, a cargo de la custodia del predio, dejara entrar al grupo de punteros que precedió a la entrada masiva de ocupantes; lo hizo proporcionando un relato, a cargo de Mauricio Macri, según el cual la Policía Federal, al retirarse de una escena que ya tenía dos muertos y varios heridos, “dejaba solos a los vecinos”, y que la culpa de todo la tienen los bolivianos y peruanos y paraguayos que no paran de llegar porque el gobierno nacional no pone ninguna traba. Como simple espectador de noticieros tendenciosos y de discurso racista (“estos vecinos aclaran que ellos no son piqueteros, que están cortando la ruta por necesidad”, repetía un cronista que no obstante momentos después era acorralado por vecinos armados con machetes y armas de fuego. Esa crónica supone que la necesidad está del lado de la preservación del cemento y no, también, de la intemperie de los otros), uno advierte que hay un flanco que ningún informativo cubría: quiénes convocaron, quiénes lotearon, quiénes cobraron inscripciones en falsas listas de lotes, quiénes fueron los punteros que operaron desde varios días antes del conflicto.
Conocemos bien el acento popular del enano fascista, siempre buscado, siempre masajeado por militares o civiles en busca de la pata electoral. Siempre los que están en la orilla de un sistema, resistiendo la caída o con su identidad puesta en el cemento del que están hechas sus casas, contra los que ya cayeron o nunca tuvieron nada. En ese frote se pesca el caos. Los desgraciados sucesos de Soldati fueron el lanzamiento de la campaña de Macri. Es en esto en lo que cree. En el impacto de la sangre como eje de la polarización política de la que sus asesores insisten que saldrá airoso.
Esas banderas argentinas que sacaron algunos vecinos de Soldati a la luz de las cámaras de la televisión y al grito de “fuera los extranjeros” reflotan la Argentina que da vergüenza. La que cae y cae y cae en la trampa. Esos vecinos creen que sus problemas se deben a la inmigración latinoamericana, y no a un gobierno tilingo que conduce un hombre que estuvo a punto de morirse ahogado con el bigote del disfraz de Freddy Mercury, y que miente a lo largo y lo ancho de sus días.
Macri no inventó la pólvora plantando un escenario en el que los pobres se coman a los pobres. Es el eterno juego de-sestabilizador de la derecha, el juego sucio de la derecha, su hilacha más perversa: un amague de verdadero populismo de derecha, tóxico y torpe, ahora macrista.
Al tipo que le soplan al oído lo que les tiene que decir a los periodistas no le interesan muchas cosas de su gobierno. No las sabe, no las entiende, no las maneja. Lo único que lo tiene entretenido, su Play-Station personal y continua, es su carrera presidencial. No tiene ningún proyecto político: su carrera presidencial también es un desafío personal, de ésos de los libros de autoayuda que lee: “Cómo ser el hijo de un rico que no te valora y demostrarle que tú puedes alcanzar lo que te propongas, ¡incluso la presidencia de la nación!”.
Habrá que desenmarañar esta puesta en escena que cobró vidas inútilmente, una vez más, porque aunque algunos vecinos de Soldati lo sostengan, no son los bolivianos ni los peruanos los culpables del fracaso de este país, puesto que no es el país el que fracasa, aunque por la noche Nelson Castro elija el zócalo “¿Se faveliza la Argentina?”. Buenos Aires no es la Argentina. Buenos Aires es un territorio mucho más injusto que la Argentina.
Esa bandera que levantaron contra los ocupantes fue sinónimo de exclusión y de retroceso, es la misma del Mundial ’78, ya ardió, ya fue pisoteada, ya no es apta ni para el amor ni para el orgullo.
Cualquier gobierno que quiera evitar la represión de la protesta social tiene que tener políticas sociales. No se puede escapar de esa lógica y por lo que tiene que responder Macri es por la ausencia de políticas sociales. Sólo se puede sostener la no criminalización de la protesta social desde las políticas sociales, buenas, malas, suficientes o insuficientes, pero tendidas como recurso de negociación. En los sucesos de Soldati hubo vecinos de un lado, del otro, y policías, que estuvieron o no estuvieron. Pero el gobierno porteño no estuvo, salvo para pedir que el problema se lo resolvieran otros. No hubo funcionarios del gobierno macrista en la escena, no hubo negociadores, no hubo política ni Estado. Ni se les ocurre que es eso lo que deben hacer. ¿De qué irían a hablar? ¿Por qué ese territorio abierto al que le llaman “parque” no tiene canchas deportivas, sala de primeros auxilios, talleres recreativos para niños, jóvenes y adultos? No lo hay ni lo habrá porque a Macri le importa sólo lo que le sirve a él, no lo que les importa a los demás. Es un estilo de vida y de gobierno. Ha dado infinitas pruebas de ello.
Sí hubo un uso revulsivo de la política que ellos mismos, que se presentan como una novedad en la materia, dicen detestar o combatir. Hubo un tablero de ajedrez político, hubo especulación política, clientelismo y violencia. Así son los chicos y las chicas pro que tiran los papeles de los chicles en los cestos. Y hubo sobre todo un reflotar de la cloaca argentina, esa que es fascista en el más estricto de los términos, nacionalista en falso y segregadora experta. De eso no brota nada feliz. Nunca sucedió, y eso que es una escena que se replica en la historia mundial y cuya estructura es muy parecida a la Noche de los Cristales Rotos de Hitler: hacé sufrir a mucha gente, y hacé que la gente que sufre tenga un enemigo: hacelos odiar y goberná aplastando a su enemigo. De esta escena de odio de pobres contra pobres mil veces ha brotado la sangre.
Desde la derecha de Macri, esa violencia es estimulante porque cambia escenarios y vuelve vulnerables a muchos. También porque todos los pobres les parecen sacrificables: puede haber violencia porque en ese modelo no importa que mueran ni vecinos pobres ni inmigrantes pobres ni policías. Ese modelo siembra pobreza y exclusión como herramientas de manipulación política. No son solamente efectos colaterales de su neoliberalismo económico. Son la masa temerosa de los otros que le puede dar sustento, vaciada de información y acorralada por el autoritarismo de su vida cotidiana.
Si para algo sirven la educación, la política, la militancia, la información, la historia y la alegría, es para percibir que hay caminos que un pueblo clausura si tiene memoria. En la ciudad de Buenos Aires las escuelas públicas se caen a pedazos como un eje y un símbolo del torpe gobierno de Macri. Los pobres le convienen así. Abandonados, confundidos y rabiosos, mirándose con odio entre sí. Macri escupe contra el viento.
Fuente: Página 12.( Sábado 11 de diciembre de 2010)


sábado, 4 de diciembre de 2010

CONTAGIO

Seguramente todos han influído un poquito. A mi amigo Miguel, que postea generosamente a los grandes del Blues, a mi hijo fanático del Blues, a los Cds.de Chet Baker, Ray Charles, Ben Webster, John Coltrane, Dave Brubeck, Quincy Jones, John Scofield, Javier Malosetti, etc, etc, que se desparraman en el escritorio y que son una buena companía para una tardecita con mate y todo.
Comparto una perlita, con algunos datos biográficos para que sea más completito. Es de todos modos una gota en el océano.

Riley B. King mejor conocido como B. B. King (por su antiguo apodo "The Street Blues Boy King"), nacido el 16 de septiembre de 1925 en Itta Bena, Misisipi, es un famoso guitarrista de blues, jazz blues y compositor.
Según la revista Rolling Stone, King es el guitarrista más grande en vida, y ocupa el tercer puesto entre los "100 guitarristas más grandes de todos los tiempos" (detrás de Jimi Hendrix y Duane Allman).[]
Es conocido por llamar a sus guitarras "Lucille", una tradición que inició en los 1950s,[2] e incluso compuso una canción con ese título haciendo referencia a la manera en que su guitarra cambió su vida.
King es un defensor de la educación de la música en los niños. En 2002, fue contratado como partidario oficial de Little Kids Rock, una organización sin fines de lucro que provee a los niños de escuelas públicas de todo Estados Unidos lecciones e instrumentos musicales de manera gratuita. Forma parte de la tabla de organizaciones de los directores como miembro honorario.
Lucille es el nombre de la guitarra más famosa de B.B. King. El nombre proviene de una actuación en Arkansas, en la que se produjo un incendio que obligó a desalojar el recinto a todas las personas allí presentes. B.B. King se dio cuenta de que se había dejado su guitarra y volvió a rescatarla, estando a punto de morir. Cuando le dijeron que el fuego había sido provocado por dos hombres que se peleaban por una mujer, B.B. King le puso a su guitarra el nombre de ésta, Lucille.

El último eslabón

Los niños y niñas que miran la violencia de su papá hacia su mamá ya no se consideran testigos, sino víctimas. A veces, los chicos y chicas sienten la necesidad de defender a su mamá o de echar a los agresores. Otras veces las impulsan a denunciar. A veces, pero no todas ni necesariamente, repiten la historia y se vuelven –de jóvenes o adultos– agresores o agredidas. La repetición de la violencia se puede evitar. Pero para eso es central contar con educación sexual y talleres con perspectiva de género que trabajen sobre las creencias machistas y eduquen sobre modelos de igualdad que puedan romper con la cadena de la violenciaFinal del formulario
Por Luciana Peker

 “Papá no lo hagas”, le pidió su hijo de 12 años. Pero él lo hizo. Mató a su ex mujer y a su ex suegra. Mató a la mamá (Silvia Morañan, de 50) y a la abuela (Marta Peñalba, de 68 años). Las mató frente a él y a pesar de él. “Papá no mates a la mamá y a la abuela”, pidió, en vano, su hijo de 12 años, a su papá, el 18 de octubre pasado. “No te preocupes que a vos no te va a pasar nada”, le dijo como si para un hijo o una hija perder a su mamá y a su abuela, como si perderlas porque su papá las asesina, fuera hacerle nada.
En Twitter alguien se llegó a preguntar: “¿héroe o asesino?”, porque el asesino –Mario Elizalde– se tiroteó con la policía después de matar a Marta y Silvia, en General Rodríguez. La pregunta es sólo una muestra de cómo se invisibiliza la violencia hacia las mujeres. Y, también, la violencia que genera –incluso en los niños, niñas y adolescentes– la violencia hacia las mujeres. Mario no aceptaba la decisión, el deseo y la autonomía de Silvia. Ella ya se había separado. Mario saltó la reja y los límites entre sus sentimientos y la vida de Silvia. Entró a la casa y atacó a balazos a su ex mujer y su ex suegra. Su hijo, que le había pedido que no las mate, huyó por una ventana y corrió hasta la casa de un vecino a pedir auxilio.
Nadie pudo auxiliarlo para detener la muerte de su mamá. ¿Se puede auxiliar a otros chicos/as que piden auxilio para detener la violencia contra sus madres? ¿Se lo puede ayudar a él, que ya perdió a su mamá, a que la violencia machista, no se le haga carne, cuerpo y cobre vida cuando él forme su pareja? ¿O a una chica que creció con un modelo de una madre maltratada para que ella se ubique en otro lugar que no sea el de víctima?
NO SON TESTIGOS: SON VICTIMAS
“Se observa que los niños defienden a sus madres y las madres deciden acercarse a hacer una denuncia cuando la violencia directa empieza a involucrar a los niños”, cuenta Verónica Tomé, jefa de equipo de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de la Nación (OVD). Mientras que la abogada Analía Monferrer, coordinadora de la OVD, explica: “El debate, en estos momentos, es si es necesario hacer una diferencia entre niño testigo y niño víctima porque hay una cantidad de profesionales que entienden –yo no soy especialista en el tema– que lo que muchas personas denominan el ser ‘testigos’ de violencia, en realidad es ser ‘víctima’ de violencia.”
Monferrer –que intenta ponerle freno a la violencia familiar– también quiere frenar la inercia de estigmatizar a los niños y niñas que vieron golpes, insultos, indiferencia o maltrato en su infancia como potenciales repetidores de esas situaciones. “No hay una relación estricta entre ser víctima/testigo de violencia en la infancia con ser en el futuro una persona violenta”, remarca. Aunque, para evitar esta reiteración, hace falta implementar la Ley de Educación Sexual Integral –para generar nuevos modelos de masculinidad y femineidad–, hacer campañas contra la violencia de género, promover relaciones equitativas de pareja, prevenir los noviazgos violentos y proporcionarles tratamientos a los y las jóvenes que tengan huellas de machismo y maltrato en su historia. Gustavo Galli, director de una escuela media del conurbano, desnuda: “Si un pibe tiene que cuidar que no le peguen a su mamá es porque las instituciones brillan por su ausencia y porque los adultos miran para otro lado”.
ELEGIR OTRO CAMINO
“El 15 de junio del año pasado mataron a una amiga, de 24 años y alumna de teatro en El Salvador. Ella tenía un hijo de 9 años y su papá la mató delante de él”, relata Pamela Palenciano Jodar, autora de No sólo duelen los golpes, un proyecto de exposición de fotos y talleres de prevención de violencia machista. A diferencia de las noticias policiales que terminan con el horror, ella siguió viendo al niño que cumplía 10 años el 17 de junio: el día que enterró a su madre. Pamela –una experta española en violencia de género que ahora vive en Centroamérica– continuó con sus ojos puestos donde la tinta negra no sigue y donde la violencia y el desamparo sólo pueden producir furia. “He estado viendo al niño a ratitos y es increíble cómo se ve la violencia, la rabia, el dolor en sus ojos, la sed de venganza”, transmite desde lo personal. Y lo lleva a lo político: “Yo creo que Dani y tantos niños que presencian esto, que ven la violencia en su casa, que se encaran con su propio padre para defender a su madre, son niños con dolor, con rabia”, Y de lo político vuelve a lo personal en ese ir y venir que la intimidad social no deja de hacer girar. “Mi pareja, Iván, se cuadraba con su padrastro defendiendo a su madre. Iván, de grande, dice que ha hecho –desde la rabia– todo lo contrario a lo que vio en su casa.”
Pero no se trata sólo de una decisión personal, sino, también, política. Pamela remarca: “Estos niños, si son varones, necesitan un tratamiento integral, con un referente masculino (de terapeuta o de educador) que sea diferente a su padre o su padrastro. Además, necesitan sacar la rabia, tener espacios de desahogo para poder expresar estas contradictorias emociones y, sin duda, es imprescindible que alguien los acompañe en el camino de vivir este dolor y si son niñas que alguien las eduque a no aguantar ni el maltrato, ni el control ni la humillación, ni los golpes”.
YO DE UN REPOLLO NO SALI
“Mi papá la golpeaba a mi mamá. Hay una situación que viví a los 14 años que no se me olvida más, que fue en una habitación que compartíamos con mi mamá y yo escuchaba los gritos de mi mamá cuando mi papá le pegaba. Yo me paré frente a mi papá y le dije que no la golpeaba más. Me agarré muy duro, a golpes de puño, como le dice uno, con mi hermano mayor, de 19 años. Ahí hicimos un parate en mi familia. Empezamos una nueva vida. Vos sentías cuando ella temblaba y decía ‘va a llegar tu padre y se me va a pudrir todo’ y veías cómo le temblaba la mano. Y me daba mucha impotencia tener una edad muy chica y no poder hacer nada por mi mamá”, relata a Las/12 Sebastián –la identidad está cambiada para protegerlo–, ahora de 16 años, con tanta crudeza como precisión, con tanto dolor como decisión, en una escuela bonaerense donde alza la mano y denuncia –en una clase de educación sexual– la justicia machista, con palabras tan claras que duelen. Con palabras tan claras que hablan de que Sebastián supo ser escuchado. “Yo vengo de una familia golpeadora”, relata sobre su familia, de tres hermanos varones y dos mujeres.
“Le dije a mi mamá que se pusiera las pilas e implementar una denuncia y mi papá no apareció más”, cuenta. Sabe contar. No es la primera vez. Pero tampoco es lo único que cuenta. “Yo pensaba dejar el colegio y ponerme a trabajar. Pero mi mamá me dijo que no, me dijo ‘yo sé que vas a tener un futuro’ y se puso a limpiar una oficina y con la plata de ella ahora puedo venir al colegio. A nosotros mi papá no nos está pasando nada. Yo no sé cómo la Justicia, con la tecnología que hay, no lo puede rastrear”, se queja de la Justicia, que expuso a su mamá a mantener a su hermana de 12 y a todos los más grandes para poder salir de la violencia.
“La mujer es la que lleva todo el peso porque la sociedad es machista”, dice, con ganas de decir y de hablar con esta cronista, a los ojos, con alivio de hablar y orgullo de salir de una violencia de la que habla en presente para que se vuelva pasado. No lo repite. Lo sabe. Lo vivió. Pero también, ahora, con clases de educación sexual, la piensa. “Yo a la mujer la respeto, la valorizo, porque yo de un repollo no salí. Yo salí de una mujer”, repite para no repetir. Y no repite lo mismo que repiten todos: “Por eso no me gusta la música, la cumbia, porque se ponen a hablar de la mujer, de la minifalda, del órgano femenino, no piensan que salieron de una mujer. No me gusta desvalorizar a la mujer”.
“La situación no daba para más. O se paraba o terminaba alguien muerto”, dice y desgarra. Pero él no. No se desgarra. Porque no es lo único que cuenta. Lo que más cuenta es su sonrisa. Y la charla en donde la equidad entre chicas y varones (propone que una chica no sea mal tildada si usa preservativo y critica la televisión con tantas ganas de observar de nuevo el mundo como de hacerlo de nuevo) y sus ideas salen de su voz, siempre firme, siempre genuina, simplemente empoderada por ser escuchada. “Es importante que haya un espacio en el colegio, que no sea sólo venir a estudiar, sino también poder tener clases de educación sexual para que los chicos y las chicas escuchen y hablen de la violencia y se sientan acompañados por el colegio y que no se sientan solos. Que no se queden callados. Que hablen que van a tener una ayuda. Porque es feo sentirse solo.” Sebastián no está solo. Está en clase. Otra clase. Donde su cuerpo aprende a amoldarse, a jugar, a reírse. A construir otra, nueva historia. “Yo no quiero la violencia para mi vida”, dice. Y la historia empieza de nuevo. Otra historia. Donde las palabras –y no los golpes– cuentan. Y donde la igualdad es –puede ser– una nueva historia.
Fuente: Página 12 – 26/11/2010

OTROS AIRES EN LA JUSTICIA

Sábado, 04 de diciembre de 2010

La decisión de Carmen
La jueza Carmen Argibay adelantó a Las/12 que en el 2011 la Corte Suprema de Justicia de la Nación podría dictar una sentencia que termine con los debates en tribunales sobre los abortos no punibles. Y le pide al Congreso que se ocupe de la despenalización del aborto. Además, reivindica la decisión de Néstor Kirchner de mejorar la Justicia, aunque sigue reclamándole al Gobierno mayor presupuesto para que la Oficina de la Mujer, que ella dirige, trabaje más. Además tiene un sueño para concretar durante su mandato: terminar con la Justicia patriarcal.Final del formulario
Por Luciana Peker

Sus piernas subían las escalinatas de Derecho desnudas o cubiertas por medias. No era su decisión, sino su obligación. Las mujeres no podían usar pantalones cuando ella estudiaba Derecho. No se imaginaban los que le cercenaban su derecho a caminar como quisiera que, aunque tuviera portación de polleras, ella iba a convertirse en la primera jueza designada en democracia para integrar el máximo tribunal argentino. Carmen Argibay tiene, ahora, 71 años, una madre a punto de cumplir 101, sobrinos/as de todas las edades y un futuro que no deja de mirar a un horizonte que siempre se le ocurre más lejano. O, mejor dicho, donde ella puede llegar más lejos. Allí donde se creía que no podía llegar. Sus ojos verdes que hoy iluminan el Palacio de Tribunales –donde las estatuas siguen mostrando a las mujeres con los ojos vendados– quieren ver más. “Voy a hacer un crucero a la Antártida”, dice, ambiciosa, pícara, vital y movediza. “No sé si vamos a poder bajar, pero al menos verla”, cuenta. Y se ilusiona.
Nunca se ilusionó (ni cuando era una estudiante, ni cuando estuvo presa del otro lado del mostrador de la Justicia) con integrar la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Pero ahora que llegó al máximo tribunal no tiene ganas de dejar pasar la oportunidad y tiene una ilusión: terminar con la Justicia patriarcal.
Por eso, dirige la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Y además de capacitar a integrantes del Poder Judicial, sensibilizar sobre el maltrato a mujeres violadas, explotadas sexualmente o maltratadas, también adelanta que, por primera vez, la Corte puede llegar a dictaminar –el año que viene– un fallo que, al menos, siente jurisprudencia en los casos de los abortos contemplados por el Código Penal.
¿Cómo siente el trabajo en la Corte Suprema de Justicia?
–Y... a veces a una le cuesta porque está muy cansada. Pero me siento muy contenta. La Justicia está cambiando y va a cambiar más.
¿Cuántos años tiene?
–Tengo 71 años.
¿Cómo es llevar adelante tantos años de trabajo?
–Estoy bien, por suerte el médico (Daniel Agranati) me ha dado un okey con las revisiones que me tengo que hacer periódicamente después del infarto de hace dos años. En el último estudio me encontró muy bien y estaba muy contento. Es verdad que le hago caso. Siempre le digo que es el único hombre que me puede dar órdenes.
No parece agobiada por la Corte, sino rejuvenecida.
–No estoy agobiada, hago lo que me gusta, descanso cuando tengo que descansar porque le hago caso al médico, tengo gente que me ayuda mucho a mi alrededor, me llevo bien con mis colegas lo que es agradable porque si no una está peleada con todo el mundo y el ambiente de trabajo se pone muy feo, trato de no estresarme, pero menos por cosas tontas.
FLORES SI, CRUCIFIJOS NO
Sus manos hablan mientras ella muestra la diversidad de sus colores. Sus dedos se pasean cuidados por dos anillos plateados. Su mano está dispuesta a dejarse ganar la pulseada por una pulsera violeta que le da varias vueltas, su cuello está enmarcado en un collar coral que aviva más la claridad de sus ojos, generalmente tapados por los anteojos, pero que resaltan mirándola de cerca. Los colores la visten. Sin presunción. La sencillez de su remera negra saca el protocolo de la silla alta de su despacho y de las fotos y cuadros con honores que ella combina con búhos, flores y una pollera animal print que la muestra como es: sencillamente aguerrida.
Los sentidos no se detienen sólo en sus sentencias. Tiene jazmines en agua en su escritorio que cambian la sensación de su oficina céntrica, muchas flores a su lado y un hornito aromático que ella también riega para que el aroma no se espante por las fojas y fojas de expedientes mientras la vela que dispara ese pequeño respiro no ahoga su llama. Ni ella mueve su sonrisa. Se ríe aún en las preguntas que no le gustan, pero que nunca la muestran jaqueada.
Ella no es una jueza tradicional (soltera, atea, pro despenalización del aborto), ni lo es su despacho. La fotógrafa le pide que pose al lado de las flores (los lirios) y ella acepta. No necesita preguntas para presumir por sus pequeñas revoluciones –a las que sus compañeros llamaban “las locuras de Carmen”–. Ella, aunque apurada, se presta. Y sonríe: “Vieron que tengo flores y no crucifijos, esa es otra de mis luchas”, enfatiza en alusión a su decisión de pedir que se quiten los crucifijos católicos de las salas de audiencia de todos los tribunales.
Nunca tuvo miedo de decir lo que pensaba. Antes de asumir, en el verano del 2005, mientras veraneaba en Miramar, causó el primer revuelo mediático cuando se declaró a favor de la despenalización del aborto. “Yo dije siempre mi posición. Me generó bastantes conflictos, pero vuelvo a reiterarla”, se planta. Su postura –sobre un tema que el 30 de noviembre tuvo su primera audiencia pública en la Cámara de Diputados y que está en la agenda de la Comisión de Legislación Penal para el debate durante el 2011– sigue clara. “Mi posición ya es conocida –reafirma–. El aborto existe y perjudica más a las mujeres más pobres. Hay varios proyectos en el Congreso y este es el momento propicio para dar este debate.”
Hablando en criollo, había un proyecto sobre matrimonio igualitario en el Congreso y otros amparos en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. ¿Si el Congreso se hizo cargo de aprobar el matrimonio igualitario, no sería justo que la Corte Suprema tome el guante en otro tema candente como la despenalización del aborto?
–Es que no es una cuestión de tomar el guante. Cuando se aprobó el matrimonio igualitario ya no tenía sentido tratar esos casos planteados en la Corte. Y por otra parte es al Congreso al que le corresponde cambiar la ley. Hay que tratar de evitar la muerte de jóvenes que por no haber tenido educación sexual enfrentan un problema que no pueden solucionar de otra manera. Y este es un momento propicio para la apertura del debate por la despenalización del aborto en el Congreso.
En la Corte Suprema hay dos planteos por casos de abortos no punibles, uno de La Pampa (en donde se pide que se declare inconstitucional el veto a la ley provincial 2394 sobre atención de abortos no punibles) y otro por el caso de la adolescente A.G. que se realizó un aborto, después de ser violada por su padrastro, en Chubut. ¿Puede haber sentencias en estos casos?
–Sólo sé que llegó el caso de Chubut y ahí es posible que se pronuncie la Corte. El aborto no punible está legislado hace más de noventa años.
¿Es posible que se siente jurisprudencia en el 2011 que sirva como antecedente para no seguir judicializando cada pedido de aborto legal como el de esta adolescente que decía que se iba a suicidar si no la autorizaban a interrumpir su embarazo?
–Yo creo que sí.
¿La Corte no va a mirar para otro lado en este tema?
–La Corte nunca mira para otro lado, sino que trabaja con los expedientes que llegan.
¿Se puede confiar en un dictamen que termine con las discusiones en torno del aborto no punible en el 2011?
–Me parece que sí.
¿Y sobre la despenalización del aborto en todos los casos?
–Ese es otro tema. No el de la causa que llegó a la Corte.
¿Qué pasa si quieren recusarla porque su posición sobre el aborto ya es conocida?
–Que me recusen. Pero sólo puede recusarme una parte interesada. Y en este caso, el expediente llega a la Corte por pedido de la defensa del niño por nacer. Pero el aborto ya se realizó, así que no hay ninguna parte interesada que pueda recusarme.
En el movimiento de mujeres le cuestionan la sentencia por Romina Tejerina, ya que esperaban que usted colabore con su libertad...
–Ufff, eso siempre me lo preguntan. Una cosa es defender a las mujeres y otra que siempre las mujeres hagan todo bien. Además, cuando llegó el caso no era como la prensa lo contaba. La Justicia hizo todo lo posible por reducirle la pena, si no era cadena perpetua, no era como los medios decían. La verdad es que los jueces hicieron todo lo posible por ayudarla.
¿Está de acuerdo con reimplantar en el Código Penal la figura de infanticidio que fue sacada y eso derivó en que a Romina Tejerina le correspondiera una condena que la tiene todavía presa?
–Sí, estoy de acuerdo con que exista la figura del infanticidio.
Si se logra cambiar la ley, como proponen distintas diputadas, ¿la nueva norma podría beneficiar a Tejerina?
–Sí. Todavía se está tiempo de que le toque a Romina porque le correspondería la pena más benigna.
LA LUCHA CONTRA LA JUSTICIA PATRIARCAL
“La Justicia patriarcal tiene que terminar”, enfatiza Argibay que es clara con sus palabras. Ella no ahorra críticas a los fallos machistas; montó una obra donde se mostró cómo el personal judicial maltrata a adolescentes abusadas, mujeres explotadas sexualmente o esposas maltratadas en el Congreso Nacional de Jueces, puso en marcha un nuevo protocolo de atención de abusos sexuales, denunció el techo de cristal para las profesionales en el ámbito judicial, creó la Oficina de la Mujer, capacitó sobre derechos de género al Poder Judicial y –de yapa– tiene el desafío de crear una nueva morgue en la zona de Comodoro Py.
¿La llegada de Elena Highton de Nolasco y usted a la Corte Suprema de Justicia de la Nación dio un giro en el tratamiento judicial hacía las mujeres?
–Sí. El hecho de llegar a la Corte te da lugar a hacer cosas. Elena Highton de Nolasco puso en marcha la Oficina de Violencia Doméstica y yo la Oficina de la Mujer. Con esto y el Protocolo de Atención a las Víctimas de Abuso Sexual que creamos cuando Eva Giberti vino a mi despacho preocupada por el trato a las víctimas y decidimos poner en marcha –en sólo cuatro meses y mientras el grupo de trabajo se reunía hasta los sábados en un café de la esquina del Hospital Alvarez– demostramos que cuando se quiere, se puede.
Pero tuvieron una controversia con el Gobierno por el reclamo de mayor presupuesto...
–Sí. Necesitamos más presupuesto. Por ejemplo, en la Oficina de la Mujer hay sólo siete personas y todos/as voluntarios. La Ley de Prevención y Erradicación de la Violencia hacia las Mujeres exige que haya presupuesto para las oficinas de las mujeres de todos los poderes del Estado. Por eso pedimos que no se recorte el presupuesto de la Corte ni el de la Oficina de la Mujer, en donde no puedo tener la gente que necesitaría para sensibilizar al Poder Judicial. Se hace lo que se puede, pero sólo hay dos personas para capacitaciones.
¿Qué siente a partir de la muerte de Néstor Kirchner?
–El fue el impulsor de la renovación de la Corte y eso hay que reconocérselo. El me designó como jueza de la Corte y le estoy agradecida. Pero la tarea de los jueces –y más de las mujeres– es ser ingratas. Decir muchas gracias y después hacer lo que hay que hacer.
¿Cuál es su mayor logro en la Corte?
–Yo creo que el mayor logro en la Corte es haber venido con una idea de lo que podía ayudar a transformar la Corte y que esa transformación se esté dando. No he logrado todo lo que quiero todavía porque los logros se calculan al final. Y creo que falta un tiempo. Pero todos estamos haciendo una buena tarea como equipo.
No son una Corte Suprema homogénea. ¿Cómo es la convivencia?
–Tenemos nuestras disidencias porque si todos tuviéramos siempre la misma opinión seríamos uno solo. Pero está bueno porque las disidencias a veces te afirman y otras veces te ayudan a cambiar. La rigidez no sirve. Una puede tener principios muy arraigados –que está bien– pero no hay que querer transformar en principios lo que en realidad son prejuicios. Nos matamos discutiendo en algunas cosas, pero no hay problema. Creo que esta Corte está logrando revertir la imagen que había de la Corte. Y eso es lo mejor.
¿Limpiar el Riachuelo y una Justicia menos patriarcal son dos de sus objetivos?
–Sí, son dos proyectos. Estamos haciendo todo lo que podemos. También somos seres humanos y necesitamos recargar las pilas.
¿Con qué recarga las pilas?
–Con los rompecabezas y la música que me encanta.
En su despacho hay cds de música clásica y en su casa un piano...
–Sí, porque mi mamá (Ana Rosa Carlé) tocaba el piano. Ya no. Tiene 100 años y vive conmigo. Y hay que cuidarla. Su familia es longeva: su padre se murió de 90 años y una de sus hermanas vivió hasta los 97 años. Y ella ahora está clínicamente muy bien. Faltan cinco meses para que cumpla 101.
No tiene hijos, pero sí muchos sobrinos...
–Sí, tengo hasta una sobrina bisnieta que es un encanto la mocosa. Tengo varios de mis sobrinos con los que me llevo muy bien y estamos mucho juntos. Es una de las formas de ponerse al día con las cosas de la juventud. Porque si una se aísla después se convierte en una vieja cascarrabias. Eso no quiere decir que vaya a los festivales de rock. Pero puedo entender muchas cosas porque tengo relación con mis sobrinos. La familia ayuda mucho. A veces una familia muy larga tiene muchos problemas también. Pero nadie dijo que la vida fuera fácil.
¿Disfruta de las vacaciones?
–Sí. Me llevo rompecabezas y una pila de libros a las vacaciones. Me voy a hacer un crucero, me voy a la Antártida, a refrescarme, a ese lugar tan especial.
Siempre hay un horizonte de llegar más lejos...
–Sí. Una aprende hasta el día que se muerte. Así que todavía tengo mucho que aprender. Espero.
Y se ríe largo. Como su viaje.
Ahora jueza, antes presa
Argibay confiesa que no le gusta el calor. Hasta que sufrió la gota gorda en un crucero, que realizó el año pasado, por Brasil. Pero Buenos Aires agobia y ella –sin aire acondicionado– mantiene su ventana –de aire, luz y tibieza– abierta. Tal vez es el encierro que dejó su huella. Ella fue presa política en 1976 –cuando tenía 36 años– en la cárcel de Devoto. “Nunca supe de qué me acusaban ni por qué era una persona peligrosa para la dictadura militar”, expresa. Pero revaloriza la solidaridad entre las presas, de las que le quedaron dos grandes amigas y se está por juntar con otra mujer, que era más chica que ella y le escribió para contarle de la importancia de su tranquilidad y liderazgo durante los meses de prisión. “Me sorprendió porque ella formaba parte de un grupo de chicas más jóvenes y revoltosas que nosotras”, confiesa.
¿Es la única jueza que alguna vez estuvo detrás de rejas?
–Creo que sí. La primera vez que me ofrecieron ser jueza penal pensé que no podía hacer eso porque sabía lo que era estar tras las rejas, pero después reflexioné que me iba a dar más cuenta que nadie cuándo mandar a prisión o no. Con el tiempo, en el Tribunal de La Haya, me tocó escuchar testimonios desgarradores sobre la violencia en la ex Yugoslavia. También cuando empecé a defender los derechos de las mujeres, mis compañeros hablaban de “las locuras de Carmen”. Pero ahora las locuras de Carmen ya no son más locuras. Son una nueva Justicia.
Fuente: PÁGINA 12 – Sábado 4 de diciembre de 2010